Hubo una vez un levantino cuyo corazón
Marino siempre envalentonaban esas mañanas,
Las que tras los cristales de los ventanales daba
Gusto acariciar, hasta los pájaros poder tocar,
En las que el terreno abrazaba las desnudas rocas
Que tenían el coraje al dejarse erosionar
Por Bullicioso oleaje que precedía al mar.
Al viento echaba besos para que aquella muñeca
Porcelana, moldeara su cariño tras aquellos
Cristales de enamorados y bellos ventanales
Donde desfilaba el contoneo de la juventud,
En plenitud su belleza, balanceando leves
Sonrojos de inocencia ante su perspicaz presencia.
Nunca supo en certeza si aquel cruce de miradas
Eran simples de enamorarse o si eran obligadas,
Si eran juegos de malicia y provocación aquellos
Oculares mensajes que lidiaban su corazón,
Más en una cierta ocasión y más en cierto día,
Compungida se vio su vista ante la negación
De sus andares de cadera en forma repentina
Cuando vio que recorría aquellas calles el luto.
Bajo un hollado sol, campanas a entierro sonaban
Por la ventana del levantino de corazón
Marino que envalentonaban todas las mañanas,
Entonces él supo que a quien llevaban difunta a hombros
Al contoneo de la juventud en plenitud
De su belleza no era otra más que su misma amada,
La muñeca de porcelana que le moldeaba
Cariño tras aquellos cristales enamorados
De alegres y solventes ventanales que a través
Del marco de aquella ventana tras la que jugaban
Al rubor del amor, nunca más le acariciaría
La mirada, pues tenía las cortinas echadas.

1 comentario:
Un placer leer tus versos...saludos.
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